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Este método está inspirado en un hechizo mágico, que recibí de un mago cuyo nombre no es Harry. Es el siguiente: “Se coge una pizca de cenizas de un fuego extinguido hace mucho tiempo. Se vierte en una taza de agua cogida de un charco de la calle tras una lluvia intensa. Se añaden tres pelos arrancados por una soltera de la cola de un caballo gris. Se deja madurar la mezcla tres días con sus tres noches y se añade cera de una vela vieja. Se escupe tres veces en la taza. Se agita bien la mezcla. Se arroja a un inodoro y se tira dos veces de la cadena. Luego se sienta uno frente al ordenador y trabaja muy, muy duro”.
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“El viejo y el Mar” es un libro sencillo. no pretende ser más que el reflejo de un anciano que ha vivido toda su vida a merced de un mar al que le debe todo. Su pasión por el mar, por su trabajo, por los sinsabores y las alegrías que el mar le ha proporcionado y aú sigue haciéndolo, son reflejados de manera increíble por la pluma de este singular escritor, apasionado de una vida alejada de lo común. Eso es parte de lo que transmite Hemingway en esta obra que se ha convertido en un clásico del siglo XX.
A continuación se reproduce dos parrafos de la afamado novela de Hemingway, escrita en 1951 y publicada al año siguiente.
Era un viejo que pescaba solo en un bote en el Gulf Stream y hacía ochenta y cuatro días que no cogía un pez. En los primeros cuarenta días había tenido consigo a un muchacho. Pero después de cuarenta días sin haber pescado los padres del muchacho le habían dicho que el viejo estaba definitiva y rematadamente salado, lo cual era la peor forma de la mala suerte, y por orden de sus padres el muchacho había salido en otro bote que cogió tres buenos peces la primera semana. Entristecía al muchacho ver al viejo regresar todos los días con su bote vacío, y siempre bajaba a ayudarle a cargar los rollos de sedal o el bichero y el arpón y la vela arrollada al mástil. La vela estaba remendada con sacos de harina y, arrollada, parecía una bandera en permanente derrota.
El viejo era flaco y desgarbado, con arrugas profundas en la parte posterior del cuello. Las pardas manchas del benigno cáncer de la piel que el sol produce con sus reflejos en el mar tropical estaban en sus mejillas. Esas pecas corrían por los lados de su cara hasta bastante abajo y sus manos tenían las hondas cicatrices que causa la manipulación de las cuerdas cuando sujetan los grandes peces. Pero ninguna de estas cicatrices era reciente. Eran tan viejas como las erosiones de un árido desierto.
Todo en él era viejo, salvo sus ojos; y estos tenían el color mismo del mar y eran alegres e invictos.
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Género: Novela |
ISBN: 978-84-204-7198-3 | EAN: 9788420471983
Características físicas: Ojos negros. Cabello negro. Sin marcas ni cicatrices. Complexión delgada. Estatura 1,67.
Historia criminal: Nacida en Culiacán, Sinaloa (Méjico). Hija de padre español y madre mejicana. Convivió con Raimundo Dávila Parra, alias El Güero Dávila, piloto de aviación relacionado con el cártel de Juárez. Viaja a España. Melilla. Relacionada con Driss Larbi, propietario de clubs nocturnos. Algeciras. Gibraltar. Relacionada con Santiago López Fisterra, piloto de planeadores. Tráfico de tabaco y estupefacientes. Detenida por el Servicio de Vigilancia Aduanera. Prisión de El Puerto de Santa María.
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Nació en la embajada de Argentina en Bélgica, en Ixelles, distrito de Bruselas, el 26 de agosto de 1914. Fue anotado entonces como Jules Florencio Cortázar. Años después diría: “Mi nacimiento fue producto del turismo y la diplomacia”, implicando cierta relación de su padre con el cuerpo diplomático argentino lo cual, a la luz de los nuevos descubrimientos de Eduardo Montes-Bradley en Cortázar sin barba (Random House Mondadori, Debate, 2004), es producto de la mitología familiar, al igual que el supuesto y posterior abandono del padre. Sus padres, María Herminia Descotte y Julio José Cortázar, eran argentinos. Hacia fines de la Primera Guerra Mundial, los Cortázar lograron pasar a Suiza gracias a la condición alemana de la abuela materna de Julio, y de allí, poco tiempo más tarde a Barcelona, donde vivieron año y medio. Jugó con frecuencia en el Parque Güell con otros niños y las mayólicas coloridas perduraron en su memoria. A los cuatro años volvieron a Argentina y pasó el resto de su infancia en Banfield, Buenos Aires, junto a su madre, una tía y Ofelia, su única hermana (un año menor que él). Vivió en una casa con fondo (Los Venenos, Deshoras, están basados en sus recuerdos infantiles), pero no fue totalmente feliz. “Mucha servidumbre, excesiva sensibilidad, una tristeza frecuente”. (Carta a Graciela M. de Sola, París, 4 de noviembre de 1963). Conoció, gracias a su madre, al escritor a quien admiraría por el resto de su vida: Julio Verne.“Pasé mi infancia en una bruma de duendes, de elfos, con un sentido del espacio y del tiempo diferente al de los demás” (revista Plural n°44, México 5/1975). Cortázar fue un niño enfermizo y pasó mucho tiempo en cama, por lo que la lectura fue su gran compañera. Su madre le seleccionaba lo que podía leer, convirtiéndose en la gran iniciadora de su camino de lector, primero, y de escritor después. Declaró: ”Mi madre dice que empecé a escribir a los ocho años, con una novela que guarda celosamente a pesar de mis desesperadas tentativas por quemarla” (revista Siete Días, Buenos Aires, 12/l973). Leía tanto que algún médico llegó a recomendarle leer menos durante cinco o seis meses y salir más a tomar un poco de sol. Muchos de sus cuentos son autobiográficos, como Bestiario, Final del Juego, Los venenos o La Señorita Cora, entre otros.Se recibe de Maestro Normal en 1932 y Profesor Normal en Letras en 1935 en la Escuela Normal de Profesores Mariano Acosta, de aquellos años surgieron La Escuela de Noche (Deshoras). En aquella época, comenzó a frecuentar los estadios a ver box, donde ideó una especie de filosofía del box “eliminando el aspecto sangriento y cruel que provoca tanto rechazo y cólera” (”La fascinación de las palabras”). Admiraba al hombre que siempre iba para adelante y a pura fuerza y coraje conseguía ganar (Torito, Final del Juego).Un día caminando por el centro de Buenos Aires, se topó con un libro de Jean Cocteau, un total desconocido para él hasta aquel momento, titulado Opio, Diario de una desintoxicación. Aquella lectura lo marcaría para el resto de su vida: “sentí que toda una etapa de vida literaria estaba irrevocablemente en el pasado… desde ese día leí y escribí de manera diferente, ya con otras ambiciones, con otras visiones” (“La fascinación de las palabras”, 1997).Cortázar en su juventudComenzó en la Universidad de Buenos Aires la carrera de Filosofía y Letras, pero comprendió que debía utilizar el título que ya tenía para trabajar y ayudar a su madre. Dictó clases en Bolívar y luego en Chivilcoy. Vivió en cuartos solitarios de pensiones aprovechando todo el tiempo libre para leer y escribir. En el año 1938, con una tirada de 250 ejemplares, editó el poemario Presencia bajo el seudónimo de Julio Denis.En una entrevista con Elena Poniatowska para la revista el nº 44 México de mayo de 1975 confesó: ”fueron mis años de mayor soledad. Fui un erudito, toda mi información libresca fue de esos años, mis experiencias fueron siempre literarias. Vivía lo que leía, no vivía la vida. Leí millares de libros encerrado en la pensión: estudié, traduje. Descubrí a los demás solo muy tarde”. A partir de Julio de 1944 enseñó en Mendoza literatura francesa y de Europa septentrional en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo.Pocos meses después renunció a su cargo por desavenencias con el peronismo y su política universitaria. Se empleó en la Cámara del Libro en Buenos Aires y realizó trabajos de traducción. Hacia 1947 escribió “Casa tomada“, el primer cuento de la serie de Bestiario, que una amiga le envió a Jorge Luis Borges, quien lo publicó en la revista Anales de Buenos Aires (con dos dibujos de su hermana Norah) comenzando así una relación infrecuente con él.Luego le solicitaría más textos para su revista, siendo publicados “Los Reyes” y “Las puertas del cielo”. Cortázar manifestó en diversas ocasiones que comenzó a escribir cuentos por Edgar Allan Poe, quien “me enseñó lo que es la gran literatura y lo que es el cuento” (Plural n° 44, México, 5/1975). En el año 1948 se recibió de traductor público de inglés y de francés. En 1950 terminó de escribir “El examen”, que ningún editor se animó a publicar por su lenguaje ofensivo. En 1951, a los 37 años de edad, se instaló definitivamente en París, ya que había recibido una beca del gobierno francés para estudiar 10 meses en París, de octubre a julio de 1952. Dicha beca consistía en investigar la novela y la poesía francesa contemporánea en sus conexiones con las letras inglesas. Tenía una vasta experiencia como traductor, había traducido a Gilbert Keith Chesterton, André Gide, las cartas de Keats, Marguerite Yourcenar, entre otros. Obtuvo trabajo de traductor en la UNESCO y de ello vivió varios años.Se casó con Aurora Bernárdez en 1953, una traductora argentina. Vivían en París en condiciones económicas penosas y le surgió el ofrecimiento de traducir la obra completa, en prosa, de Edgar Allan Poe para la Universidad de Puerto Rico. Dicho trabajo sería considerado luego por los críticos como la mejor traducción de la obra del escritor inglés. Juntos se fueron a vivir a Italia por el año que demoró el trabajo y luego viajaron a Buenos Aires en barco y se pasó el trayecto escribiendo en su máquina portátil para una nueva novela. “La revolución cubana… me mostró de una manera cruel y que me dolió mucho el gran vacío político que había en mí, mi inutilidad política… los temas políticos se fueron metiendo en mi literatura…” (”La fascinación de las palabras”). En 1963 visitó Cuba invitado por Casa de las Américas para ser jurado en un concurso. Ya nunca dejaría de interesarse por la política latinoamericana. En ese mismo año aparece lo que sería su mayor éxito editorial y le valdría el reconocimiento de ser parte del boom latinoamericano Rayuela, la que se convirtió en un clásico de la literatura argentina. Según declaró en una carta a Manuel Antín en agosto de 1964, ese no iba a ser el nombre de su novela sino Mandala: “de golpe comprendí que no hay derecho a exigirle a los lectores que conozcan el esoterismo búdico o tibetano”; pero no estaba arrepentido por el cambio.En 1967, rompe su vínculo con Bernárdez y toma por pareja a la lituana Ugné Karvelis, con quien nunca contrajo matrimonio, pero quien le inculcó un gran interés por la política.Los derechos de autor de varias de sus obras fueron donados para ayudar a los presos políticos de varios países, entre ellos Argentina. En una carta a su amigo Francisco Porrúa de febrero de 1967, confesó: “el amor de Cuba por el Che me hizo sentir extrañamente argentino el 2 de enero, cuando el saludo de Fidel en la plaza de la Revolución al comandante Guevara, allí donde esté, desató en 300.000 hombres una ovación que duró diez minutos”. Esa fascinación por Cuba y su revolución no duraría eternamente.En noviembre de 1970 viajó a Chile, donde se solidarizó con el gobierno de Salvador Allende y pasó unos días para visitar a su madre y amigos, “y ahí el delirio fue una especie de pesadilla diurna” contó en una carta a Gregory Rabassa.En 1971 fue “excomulgado” por Fidel Castro, junto a otros escritores, por pedir información sobre el arresto del poeta Heberto Padilla. A pesar de su desilusión con la actitud de Castro, siguió de cerca la situación política de latinoamérica. En 1973, fue galadornado con el Premio Médicis por su Libro de Manuel y destinó sus derechos a la ayuda de los presos políticos en Argentina. En 1974, fue miembro del Tribunal Bertrand Russell II reunido en Roma para examinar la situación política en América Latina, en particular las violaciones de los Derechos Humanos.A pesar de ser reconocido por su prosa, escribió gran cantidad de poemas; colaboró en muchas publicaciones en distintos países, grabó sus poemas y cuentos, escribió letras de tangos y le puso textos a libros de fotografías e historietas.Con su tercera pareja y segunda esposa, la escritora canadiense Carol Dunlop, realizó numerosos viajes, uno de los primeros fue a Polonia, donde participó de un congreso de solidaridad con Chile. Otro de los viajes que hizo junto a Carol Dunlop fue plasmado en el libro Los Autonautas de la Cosmopista que cuenta el trayecto de la pareja por la autopista París-Marsella.En 1976, viaja a Costa Rica donde se encuentra con Sergio Ramírez y Ernesto Cardenal y emprende un viaje clandestino y plagado de peripecias hacia la localidad de Solentiname en Nicaragua. Este viaje lo marcará para siempre y será el comienzo de una serie de visitas a este país.Justamente luego del triunfo de la revolución sandinista viaja reiteradas veces a dicho país y conoce de cerca el proceso y la realidad nicaragüence y latinoamericana. Estas experiencias darán como resultado una serie de textos que serán recopilados en el libro Nicaragua, tan violentamente dulce.En agosto de 1981 sufrió una hemorragia gástrica y salvó su vida por milagro. Nunca dejó de escribir, fue su pasión aún en los momentos más difíciles. Carol Dunlop falleció el 2 de noviembre de 1982 y Cortázar falleció el 12 de febrero de 1984 a causa de una leucemia. Fue enterrado en el cementerio de Montparnasse, en la misma tumba donde yacía Carol; es tradicional dejar una copa o un vaso de vino y una hoja de papel o un tiquete de metro con una rayuela dibujada junto a la tumba de Cortázar.En Buenos Aires, la pequeña plaza situada en la intersección de las calles Serrano y Honduras también lleva su nombre. En 2006 los alumnos de la escuela secundaria básica Nº 13 mediante un voto, deciden nombrar a la institución “Julio Cortázar”, en honor a él. La escuela pertenece al partido de Ituzaingó, Gran Bs.As., zona oeste.En 2007 el alcalde socialista de París, Bertrand Delanoë dio oficialmente el nombre de Plaza Julio Cortázar a la pequeña plazoleta en el extremo occidental de la Île Saint Louis donde transcurre el relato Las Babas del Diablo.
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Gracias a Al Ries y Jack Trout, gurùs del Marketing, por hacernos ver que en el podium mental solo hay tres lugares, lo que convierte a África en el gran olvidado del siglo xx (eso hace que nos sintamos más tranquilos). Aunque pensándolo bien, si mandásemos a las modelo arriba mencionadas, nada echarían de menos, de todas formas ya están muertas de hambre.
Gracias a los Economistas de alquiler que, al más claro estilo Harry Potter, han transmutado el neoliberalismo en el sistema feudal del siglo xxi, avasallándonos ante los poderosos amos y señores transnacionales, a los que debemos pagar el tributo de un consumismo desmedido.
Gracias a los Políticos uniformados de Hugo Boss, auténticos alquimistas de la mentira, en busca del discurso titulado “Pobres: ecuación resuelta” que sirva como venda de seda (pa’que no raspe) mientras hacen las anotaciones correspondientes en sus agendas de piel Hermes. Seres oscuros que aprovechan la luz sublime de los gobernados para presentarse como auténticos salvadores de su nación, pero que refugiados en la sombra de sus cubiles, le ponen precio a la fe que en ellos depositaron (preferentemente una cifra de 10 dígitos, y en euros porque el dólar ya paso de moda).
Gracias a los Periodistas rosas, que en su interés de presentar información objetiva y concisa, fungen de modelo educativo para tus hijos, con cátedras de banalidad y pedantería impartidas por un Jet Set decadente e insufrible (¿alguna vez dejaron de serlo?). Noticias con tintes de falsa moralidad perfumada con Chanel N. 5 y ediciones comentadas del Big Brother para que tu tesoro de 14 años aprenda a echarse un rapidìn con el novio de turno en el sofá de tu sala sin que te afectes en lo más mínimo.
Gracias a los Narcos, que en su labor desinteresada, nos brindan, por una módica donación, la posibilidad de fumarnos de un jalón la felicidad, quitándonos de encima el peso de una existencia que nos exige cada día más de nosotros mismos. Ellos, que encapsulan mundos sublimes, están dispuestos a ponerle un alto a todos aquellos que interfieran con la búsqueda de tu yo interno.
Gracias a George Orwell por regalarnos el fantástico 1984, en un intento por abrirle los ojos a nuestros padres y abuelos, ciegos creyentes de una civilización apoteósica en el siglo xxi, en donde las máquinas realizarían todos nuestros caprichos y trabajos mientras nosotros nos dedicaríamos a labores más intelectuales bajo un cielo azul reflejado en los metálicos y cristalinos edificios de mega ciudades futurísticas tipo Supersónicos de Hanna Barbera. Nuestra sociedad distópica se ha encargado de cambiar este texto profético en los estantes de las bibliotecas, de novela política a cuento de hadas. Créanme, a cualquier profecía que le llega el momento siempre se ve ampliamente superada por la realidad. Tus hijos se reirán de la tortura a la que se ve sometido Winston Smith después de haber visto Masacre de Texas.
Gracias al resto de los mortales que no han sido mencionados (y en los que estoy incluido), que en su afán de dominar a la naturaleza, se ha convertido en una mancha que todo lo contamina, autentica plaga que azota un planeta que ya se está cabreando y amenaza con desheredar a su criatura predilecta, negándole el privilegio de la inmortalidad de la especie.
A todos nosotros, gracias, mil gracias.

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Una brisa otoñal arrastraba las hojas secas que crujian al chocar con
los pies de Ana. A lo lejos, una pareja de niños discutían.
-Fue gol.
-No es cierto, fue poste -gritaba el otro mientra señalaba una piedra que hacía las veces de poste.
Ana no los escuchaba. Hundida en sus pensamientos, lamentaba no sentirse satisfecha con su vida. Encendió un cigarro y 30 segundos despues lo comprendió. Se quiso fumar la vida de un jalón y ya no estaba dispuesta a quemarse los dedos. Como aquel cigarro, su vida se encontraba a la mitad. La brisa cesó. Los niños callaron. El tiempo se detuvo por un instante y halló la respuesta. La felicidad se lográ tomandose la vida en serio. Por primera vez sonrió desde el alma, apagó la colilla con el pie y se marchó decidida a encarar de nuevo la posibilidad de un futuro incierto. Atrás quedaban los dos niños liandose a golpes.
-Te digo que fue gol.
-Que no fue, pendejo.

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